Ya estoy grandecito para jugar a las muñecas
Nunca se me dió muy bien eso de jugar a las muñecas, la verdad es que era re-pendejo. Eso de las carencias es del carajo, como no tienes muchas cosas, las pocas que tienes, o bien las cuidas en exceso ó bien te vienen valiendo madres; lo que es un hecho es que no puedes simplemente tenerlas y gozarlas. Supongo que ahí estuvo mi problema con las muñecas. Cuando estaba en condición de jugar a las muñecas, de ponerles y quitarles sus vestiditos, pues nomás no se me daba, era yo bien torpe; así que mejor le hice caso al Tío Gamboín y me puse a estudiar. Estudié la Física y la Metafísica; la Psicología y la Parapsicología; lo arcano y lo evidente. ¿Qué no estudié? ¡carajo! (mejor olvido esa pregunta, no estudié la botánica ni la costura); y es así como llegué a estos días, en que cansado de las cosas que habían sido, creí que ya había aprendido todo lo necesario para jugar, ahora sí, a las muñecas. ¡Pero horror!, con las muñecas no se juega, las muñecas tienen su propio juego y eso está vedado para los que como yo ya están grandecitos y estudiaron en exceso.
Pero aún me queda un consuelo, un pequeño y aleccionador consuelo, mal de muchos, consuelo de tontos. Pero por favor, por lo que más quieran, hagánlo con moderación; dicen, pero no me consta, que salen pelos en la mano. Cuando el río suena, agua lleva.
P.D. Me viene a la memoria, con terror infinito, la novia del Chucky. El que no conozca una historia de muñecas diabólicas y malignas, que tire la primera piedra.
P.D. 2 (que nada tiene que ver con el texto publicado) Oigo a Ottis Redding (Sittin' on the dock of the bay ...) y me digo que tengo que escribir algo extenso sobre el poder cuasi mágico que la música ejerce sobre el espíritu; como hay canciones que mueven a un estado de gozo espiritual difícil de explicar. Tengo que escribir más al respecto, esta postdata es para no olvidar que escuche y disfrute la interpretación de Otis Redding (visiten y apoyen Radio Paradise, listener supported radio

1 Comentarios:
Esto de jugar a las muñecas es como jugar al póker, Jerf. Para empezar a ganar primero hay que perder un chingo.
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